Vivir en presente

Si observamos con atención, veremos que a lo largo del día hay muchos momentos en los que no estamos por lo que hay que estar, no estamos en presente. Nos ocurre sobre todo en momentos intermedios, entre una cosa y otra, cuando realizamos actividades de orden mecánico, cuando descansamos, etc. Es fundamental que recuperemos la atención plena en cada instante, por mucho que a la mente le parezca insignificante.

Un ejercicio que nos puede servir para verificar hasta qué punto hemos estado despiertos a lo largo del día es, al meternos en la cama, hacer un repaso de todo lo sucedido durante la jornada. Al hacerlo, muy probablemente descubriremos lagunas, espacios de tiempo en los cuales no conseguimos recordar con demasiada precisión cuál fue nuestra actividad. Esto nos da a entender que, como decíamos antes, existen numerosos momentos a lo largo del día en que uno está despistado, y esto le impide disfrutar del instante y aportar lo mejor de sí mismo en su situación particular.

Pues bien, aquí se trata de, poco a poco, ir recuperando el presente. Es ir llevando a cabo un esfuerzo de forma deliberada para estar más del todo en el ahora, independientemente de si la situación actual me parece más o menos interesante. Es una gimnasia en toda regla, es decir, a más la pongo en práctica, más en presente y en plenitud voy a vivir, mientras que si no lo hago, más me veré envuelto en el habitual caos mental que me impide ser feliz y eficiente.

No esperemos más pues. Vivir aquí y ahora es posible y sólo depende de uno mismo. Si seguimos esperando a que la felicidad nos llegue del exterior, nos pasaremos la vida esperando en vano. Dejemos de esperar y recuperemos el contacto con nosotros mismos, con nuestra naturaleza, con este instante, con lo que somos.

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