Centramiento

Nuestro principal problema es no estar centrados en nosotros mismos, sino en un centro artificial mental que nada tiene que ver con lo que somos. Vivimos identificados con una idea y con una imagen de nosotros mismos y toda nuestra vida gira entorno a esta estructura mental. Centrarse consiste precisamente en soltar la identificación con la forma, descubrir el centro real más allá de toda forma y convertirlo en el centro experiencial en el día a día. Es recuperar el contacto con nuestra esencia, con el fondo, origen y destino de toda experiencia. La dificultad reside en el vicio a estar constantemente pendiente de lo fenoménico, de lo cambiante, de lo relativo. Esta realidad central no cambia, es inmutable, es nuestra verdadera identidad y requiere hacerse sensible a lo constante, a lo permanente. Por eso es tan necesario dedicar espacios al silencio, a la quietud y a la paz. Cuanto mayor sea mi capacidad para permanecer tranquilamente en silencio ante los fenómenos que aparecen en la conciencia, mayor será mi sensibilidad para percibir de dónde emergen y dónde confluyen. Permanezcamos pues en silencio unos minutos al día y poco a poco vayamos retomando el contacto con nuestro verdadero centro.

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