Vida total

En línea con lo comentado en el anterior artículo, conviene remarcar la importancia de establecer rutinas que nos permitan llevar a cabo ese despliegue del potencial que somos. Aunque a veces pueda parecernos lo contrario, hay tiempo para todo, sólo es cuestión de organizarse de forma adecuada.

La idea es que a lo largo del día debemos encontrar la manera de manifestar eso que somos de un modo total y completo. Para facilitarnos esta labor, podemos dividir las actividades en tres tipos: de inteligencia y comprensión, de felicidad y empatía y de energía y movimiento.

En el primer grupo entran todas esas actividades de orden mental, que nos permiten desarrollar la capacidad de intuir, de ver y de comprender por uno mismo, y a su vez de manifestarlas a través del lenguaje y demás herramientas comunicativas. Se trata de conectar con el sabio que llevamos dentro y atreverse a manifestarlo.

El segundo grupo tiene que ver con todas esas actividades de orden estético, como por ejemplo las diferentes formas de expresión artística, y también con aquéllas relacionadas con el disfrutar de la vida desde un punto de vista afectivo como pueden ser las relaciones de amistad. Todos llevamos a un artista en nuestro interior, se trata de darnos cuenta y de expresarlo sin miedo. Es cultivar mi capacidad de dar y recibir de un modo incondicional, sin estar tan pendientes de la cara que pone el otro, de si me gusta o no me gusta, etc.

Por último, en el tercer grupo se incluyen todas las actividades cuya punta de lanza es la movilización de energía, como por ejemplo el deporte y la actividad física en general. En este caso se trata de cultivar el guerrero que llevamos dentro, activando también la capacidad combativa y de lucha que tantos deportes (tanto individuales como de equipo) nos permiten desarrollar.

Tengamos presente estas tres figuras, el sabio, el artista y el guerrero, y procuremos darles salida a lo largo del día. En general, nuestra sociedad tiende a hipertrofiar el aspecto mental, dejando en un segundo plano al energético y en un tercero (o cuarto, o quinto…) al afectivo. Con echarle un vistazo al horario semanal de cualquier escuela podremos constatar este desequilibrio entre los tres niveles. Y este desequilibrio nos acaba pasando factura: dime qué te hace sufrir y te diré aquello que necesitas desarrollar.

Si no desarrollamos los tres aspectos de nuestra personalidad de un modo equilibrado, sufriremos las consecuencias. La más habitual es la debida a un exceso de lo mental, con un aspecto energía en mayor o menor presencia según el caso, y un ínfimo desarrollo de lo afectivo. Esta combinación deriva en personas que tienden a sentirse solas, tristes, rechazadas, etc y que a su vez buscan refugio en su propia mente donde creen sentirse más seguras pero no hacen más que perpetuar su aislamiento. En general, vivimos en una sociedad muy débil a nivel afectivo, muy dependiente de los demás, muy poco autónoma.

Con el trabajo interior, uno va reconociéndose a sí mismo en profundidad y va viendo que el único modo de desarrollar la capacidad de amar y de ser feliz es movilizándola de forma activa, deliberada e incondicional, sin esperar a que la situación externa sea la deseada, pues eso ocurre en contadas ocasiones y nos mantiene encerrados en un círculo vicioso.

Dejemos pues de esperar y empecemos a vivir de forma libre, directa y espontánea, desarrollando los tres niveles de forma completa y equilibrada, sin miedo, con confianza en nosotros mismos y en la vida.

Recuperemos pues la vida total.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *