Hacer consciente lo inconsciente

Hoy en día está muy de moda hablar de la importancia de vivir en presente y ser uno mismo. No obstante, en la mayoría de casos vemos cómo en la práctica hay una gran dificultad a la hora de expresarnos de forma natural, libre, auténtica y espontánea. Es como si la mayor parte del tiempo la naturalidad y la sencillez se hubiesen esfumado sin dejar rastro alguno.

A pesar de que en general cada vez son más habituales las líneas de pensamiento basadas en la autenticidad y la plenitud, en general los hechos no acaban de reflejar este cambio de mentalidad pues seguimos observando que, a la hora de la verdad, siguen siendo los miedos y los deseos los protagonistas de nuestras vidas. Al fin y al cabo, no son tanto las palabras sino los actos los que de algún modo delatan nuestra verdadera forma de pensar y de entender las cosas.

La persona, en la medida en que va viendo la importancia de ser ella misma, va haciendo mil y un esfuerzos con tal de llevar una vida donde prime más el momento presente y no tanto sus temores y preocupaciones, pues se va dando cuenta de hasta qué punto son ilusorios y poco a poco va aprendiendo a dejarlos ir.

Desafortunadamente, y muy a su pesar, parece que hay algo que se interpone en el libre fluir de la vida y provoca que la acción, en vez de producirse de forma natural, simple y directa, se vea de algún modo obstruida, obstaculizada y censurada, de tal manera que ese impulso que había surgido de dentro en dirección hacia afuera, quede retenido en el interior.

Así pues, hemos adquirido el hábito de censurar constantemente nuestros impulsos, de modo que se han ido acumulando y son la causa de una gran tensión interna debida a la fuerza que uno hace para evitar su salida. Todo este proceso de censura y castración se lleva a cabo la mayor parte del tiempo de un modo totalmente inconsciente e involuntario, lo cual produce que a menudo y sin saber por qué uno se encuentre mal interiormente sin apenas reconocer el motivo, pues éste se mantiene oculto en un sector de la mente que tenemos muy olvidado y desatendido.

En la medida en que uno se va dando cuenta de hasta qué punto está impidiendo que su propia naturaleza se manifieste, es capaz de ir disminuyendo la censura inconsciente y permitiendo que los impulsos alcancen el sector consciente. Y es desde ahí donde se determina, en función de la situación en que uno se encuentra, si conviene o no expresar aquello y, en caso afirmativo, el modo más adecuado de hacerlo dado el contexto y las circunstancias del momento.

Además, en caso de no ser expresada, como uno es consciente de ello, tarde o temprano encontrará el modo de darle salida con total naturalidad logrando así que esa energía no quede retenida en el interior y a la vez sea puesta al servicio de uno mismo y de la vida que, por cierto, son lo mismo.

Así pues, poco a poco debemos llegar a ser capaces de adquirir este dominio en ambas direcciones, aprendiendo tanto a expresar del todo como a inhibir por completo en función de cada instante y de cada situación. Del mismo modo, debemos ir tomando conciencia de todos aquellos impulsos que yacen reprimidos en el inconsciente y que están impidiendo que seamos del todo nosotros mismos en cada momento. Se trata pues de restablecer el libre fluir entre consciente e inconsciente, dándonos cuenta de que estos dos mundos son en realidad uno sólo y de que esa censura involuntaria no sirve para nada más que amargarnos la existencia.

La única solución es estar bien despiertos a lo largo del día para ir reconociendo todo este mecanismo inconsciente. En la medida en que uno va tomando conciencia y va poniendo más y más interés en ello, verá que con la simple observación, el hábito se empieza a debilitar. Aquí también es importante destacar una técnica que complementa este proceso: el sobreesfuerzo. Si me acostumbro en cada situación, no sólo a hacer un esfuerzo consciente por estar más en presente, sino que además procuro dar un poco más de lo que suelo dar habitualmente, me iré dando cuenta de que en mi interior hay una reserva ingente de energía esperando a ser actualizada, a ser vivida y manifestada.

Si puedo estar un poco más despierto y atento a lo que está ocurriendo, ¿por qué no hacerlo? Si puedo estar más abierto y disponible ahora mismo, ¿a qué estoy esperando? Si soy capaz de poner más energía y presencia en este mismo instante, ¿por qué no lo hago?

En resumen, vayamos tomando conciencia de esta división entre consciente e inconsciente y en la medida en que la vamos desarticulando mediante una observación paciente y tranquila, vayamos también aplicando en nuestro día a día este sobreesfuerzo que nos permita ir descargando esta acumulación energética que se ha producido por años de constante censura interna y que de algún modo nos impide ser quien realmente somos.

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