Funcionamos poco

El principal problema del ser humano no es debido a un funcionamiento incorrecto, sino a un funcionamiento muy inferior a su verdadera capacidad, a su verdadero potencial. Reconozcámoslo, funcionamos poco.

De hecho, los llamados defectos no dejan de ser cualidades poco desarrolladas. Así pues, no existen los defectos en sí. Llamamos defecto a la menor presencia de una cualidad en comparación con un referente o modelo.

Por ejemplo, la pereza no es más que la cualidad energía poco desarrollada. Del mismo modo, la tristeza, la melancolía y compañía no dejan de ser indicadores de una falta de desarrollo a nivel afectivo, de mi capacidad de amar, de empatizar, de abrir mi corazón al momento presente, de forma incondicional. Y más de lo mismo con la estupidez y similares, cuando no ejercito mi capacidad de ver, de entender y de comprender las cosas por mí mismo.

¿Y a qué es debido este menor funcionamiento? ¿Por qué no se produce un despliegue total del verdadero potencial? ¿Qué nos impide ser nosotros mismos?

Muy sencillo: un malentendido. Sí, todo el problema del ser humano se resume en eso. Hay un malentendido en relación a quiénes somos y qué es la vida. Creemos ser un cuerpo y un conjunto de ideas. Creemos que somos algo vacío que hay que llenar con cosas (materiales, intelectuales, afectivas, etc). Y por ello creemos que la vida consiste en alcanzar esas condiciones externas que creemos imprescindibles para sentirnos llenos. Es un tener para ser.

La práctica de la meditación nos permite ir viendo que lo que somos poco o nada tiene que ver con lo que creemos ser. Y es que no somos un cuerpo, ni unas ideas, ni la vida consiste en llegar a tener eso o aquello. No somos una forma, ni física, ni mental, ni emocional. Somos lo que da vida a ese cuerpo, lo que da origen también a mente y sentimientos. Somos un potencial de vida, de energía, de felicidad, de inteligencia… Y la vida consiste en manifestar eso que somos.

La vida es despliegue, recreo, juego. No se trata de llegar a ser, pues ya somos. Se trata de encarnar eso que somos, de manifestar lo no manifestado. Y de hacerlo del mejor modo posible, vaciándonos en cada instante, dándolo todo de un modo incondicional… Funcionar al 100%, eso es ser uno mismo.

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